lunes, mayo 21, 2018
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“En el aula lúdica se crea un ambiente de igualdad. Todos somos diferentes pero no desiguales”

Aula Lúdica en A Laracha

Aula Lúdica en A Laracha

La conciliación laboral, familiar y personal depende de todos y todas. No sólo concierne a mujeres y hombres adultos o en edad trabajadora sino que administraciones, empresas y sociedad deben hacer esfuerzos para conseguir llevar a cabo una vida plena en la que trabajo y vida personal puedan convivir sin que una mate a la otra. En A Laracha, mientras las leyes, administraciones públicas y empresas privadas siguen su ritmo habitual, los niños y niñas conviven en un aula lúdica donde sus monitoras buscan desde pequeños el ideal de igualdad y corresponsabilidad. Porque la conciliación no es factible de un día a otro y los más pequeños son los que deben llevar esa promesa a la realidad. Son ellas y ellos también los que sufren las consecuencias de una irreal conciliación.

Esta aula lúdica, integrada en el programa Harmoniza, funciona de forma gratuita para los niños y niñas de 3 a 12 años. Su horario intenta compaginarse con el horario laboral, en invierno de 16:30 a 20:30 y en verano de 10:00 a 14:00. El servicio está disponible para toda la población dependiendo también de la capacidad del aula. Pueden acudir a ella menores cuyos progenitores trabajan o no. Cuando madre y padre trabajan tienen derecho a emplear el horario completo del aula todos los días, cuando sólo uno trabaja tienen la posibilidad de acudir tres días y en caso de que ninguno trabaje podrán acudir dos días.

A pesar de la existencia de esta aula, muchos niños y niñas pasan demasiadas horas solos ya que los horarios laborales no se adaptan a la vida diaria de las familias. María es educadora y lleva trabajando en el aula lúdica ocho años, durante los que ha visto situaciones en la que se tenían que cuidar entre hermanos o que tenían que acudir a las clases solos sin el acompañamiento de ningún adulto. Y también pequeños y pequeñas que casi no veían a sus padres ya que cuando llegaban a casa del trabajo ya era hora de dormir. Situaciones que no son extraordinarias con horarios laborales como los que existen en la actualidad.

Para María la solución pasaría por “adaptar los horarios individualmente. Poder llegar a un acuerdo entre empresa y trabajador para cumplir esas ocho horas de trabajo”. Sin embargo, esta situación es una utopía a día de hoy. En la Ley de Igualdad sí se contempla la flexibilidad de jornada. El derecho de adaptar la duración y distribución de la jornada de trabajo para hacer efectivo su derecho a la conciliación de la vida personal, familiar y laboral según se establezca en la negociación colectiva o en el acuerdo a que llegue con el empresario. Pudiendo acogerse a la jornada continua, partida u otro tipo de organización del tiempo de trabajo. En la realidad, esta flexibilidad no es tan habitual. Las y los trabajadores deben adaptar su vida al trabajo y no al contrario. Con jornadas laborales demasiado largas y con salida a horas demasiado tardías para poder mantener cualquier tipo de vida social, sea en familia o no. María suele ver esta realidad a pie de calle. “Ves a padres y madres muy agobiados y ellos no son culpables, tienen que trabajar. Porque muchas veces hablamos de gente que no trabaja para ganar mucho dinero. Trabajan para poder conseguir sueldos medios o bajos”.

La búsqueda de objetivos debe ser común entre empresas y trabajadores, ningún derecho debe ser obviado y debe mantenerse también la productividad. Respecto a esto, muchos y muchas afirman que una mejora en la conciliación y calidad de vida favorecen la productividad de las empresas. En la actualidad, muchos padres y madres optan por la reducción de jornada, contemplado también la Ley de Igualdad. Es un derecho individual, tanto para mujeres como para hombres en los que una persona con un menor o una persona con alguna diversidad funcional pueden pedir esta reducción de jornada con la consecuente disminución de salario, como máximo a la mitad de jornada y salario.

Previo a estas posibilidades está la decisión que determina el futuro de muchas mujeres y hombres: la decisión de ser padres. En el mercado laboral, a pesar de las leyes, todavía las mujeres embarazadas o madres sufren un detrimento salarial y también de posibilidades de encontrar trabajo porque todavía se entiende que la máxima responsabilidad recae sobre ellas. Más allá de los condicionantes durante el embarazo y lactancia materna, si es que se opta por esta opción, la tan manida corresponsabilidad es todavía inexistente. El permiso de maternidad es de 16 semanas, seis de las cuales deben ser obligatoriamente posteriores al parto, pudiendo distribuirse las otras 10 como se elija en tiempo y entre ambos progenitores. También se reconoció por primera vez en el año 2009 el permiso por paternidad de 13 días indistintamente al disfrutado por la madre.

Toda ley debe proteger los derechos de la ciudadanía pero hacerla efectiva no consiste sólo en plasmarlo por escrito. Administración, empresas y sociedad tienen la responsabilidad de hacer real en la vida diaria lo que está escrito en un papel, sin que ello signifique ningún agravio comparativo entre mujeres y hombres. La igualdad y corresponsabilidad sólo serán reales cuando la sociedad haya interiorizado que más allá del embarazo y parto, la responsabilidad de la familia debe recaer en proporciones iguales entre hombres y mujeres. Evitando también la culpabilización de muchas mujeres que deciden ejercer su derecho de desarrollar una vida personal y laboral plena sin que al hombre se le cuestione ese derecho.

Y todo esto no será posible si no educamos a niños y niñas en la igualdad de manera transversal. Desde el aula lúdica trabajan en igualdad con talleres específicos pero María asegura que en el aula “ya es algo que está muy interiorizado, tanto en cuentos, la forma de hablar…”. Aunque reconoce que muchas veces cuando salen al mundo real, esas condiciones ya no se dan. “Hay niños que llegan del colegio y no saben ni que es el día de la mujer. Podría adaptarse cualquier temario pero no se hace”. Lo mismo sucede cuando se busca material para trabajar con niños y niñas. Aunque ya comienza a haber material adaptado e igualitario, muchos ejercicios deben adaptarse. “A veces cuando trabajamos con los oficios aún nos pasa que hay para niños y niñas. Los niños los más cualificados como médicos y ellas enfermeras. O ellos al ladrillo y ellas ballet. Yo siempre digo que todos podemos hacer lo que queramos. El sexo no es ninguna diferencia”. Los juegos también ayudan a buscar este enfoque igualitario. En el aula “muchos niños juegan con muñecas y las niñas con balones, no hay prejuicios. Lo hacen porque es un ambiente en el que no se les va a cuestionar. A lo mejor fuera se encuentran con otra situación y ya lo hacen”.

El trabajo no debe hacerse sólo con niños y niñas, los adultos deben ser conscientes también de su papel en la sociedad. El trabajo en corresponsabilidad se hace también en el aula y no sólo entre mujeres y hombres. “La corresponsabilidad es cosa de todos, los pequeños también deben saber que tienen que ayudar a los mayores y que es cosa de los dos sexos. Muchos niños llegan diciendo que en casa el padre llega y se tira en el sofá y la madre se encarga de todo. Son muchas veces los más pequeños los que hacen notar esas situaciones”.

La igualdad no se interioriza en una hora ni se imprime en la mente de los menores con consignas. “Hay que hablar con ellos y que reflexionen. Hacemos debates y permitimos que sean ellos los que hablen, debatan y lleguen a sus propias conclusiones”. La sociedad en la que vivimos debe avanzar todavía mucho en aspectos de igualdad entre personas para permitir que todos y todas puedan llevar la vida que desean sin condicionantes sociales, de género, raza o clase. Porque como dicen en el aula “todos somos diferentes pero no desiguales”.

Mirian Cancela / A Laracha

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